Sep 062010
 

Extracto de America Latina, La Transgénesis de un Continente: Visión Critica de una Expansión Descontrolada

REFLEXIONES SOBRE EL ESTADO DE LA AGRICULTURA A BASE DE TRANSGÉNICOS Y AGROCOMBUSTIBLES EN AMÉRICA LATINA

Miguel A. Altieri
Sociedad Científica Latino Americana de Agroecología (SOCLA),
agroeco3@nature.berkeley.edu

El área global estimada de cultivos transgénicos autorizados comercialmente en 2007 fue de 114,3 millones de hectáreas, sembradas en 23 países incluyendo 12 países del Sur, entre los cuales destacan de la región latinoamericana Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, México, Chile y Honduras. Los promotores de la biotecnología agrícola argumentan que estos cultivos no sólo han incrementado la producción con beneficios para la seguridad alimentaria, sino también han contribuido al alivio de la pobreza y hambre, han reducido la huella ecológica de la agricultura industrial, han ayudado a mitigar el cambio climático al reducir la emisión de gases de invernadero y recientemente han contribuido a la producción eficiente de biocombustibles (James, 2007). El informe anual del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA) sostiene que 11 de los 12 millones de agricultores que cultivan transgénicos son agricultores pobres del tercer mundo. Es difícil imaginar de qué manera esta expansión de la industria biotecnológica resuelve el problema del hambre o se adapta a las necesidades de los pequeños agricultores, cuando el 57% (58,6 millones de hectáreas) del área global sembrada con plantas transgénicas se dedica a la soya resistente a herbicidas (soyas Roundup Ready), un monocultivo sembrado mayormente por agricultores de gran escala y altamente tecnificados para exportación tanto para alimentación animal, como para la creciente producción de biodiesel.

Este documento, que recopila ensayos sobre el estado del arte de los cultivos transgénicos en la mayoría de los países latinoamericanos, sostiene que tal como ocurre a nivel global, los cultivos transgénicos dominantes en la región son soya resistente a Roundup, maíz Bt (aunque también resistente a herbicida o con ambas características), algodón Bt y canola resistente a herbicidas. Además hay una serie de otros cultivos que ocupan áreas menores o están en estado de experimentación o prueba de campo como piña, banana, papaya, plátano, papa, arroz, alfalfa, y otros. Sólo en Chile se cultivan 19 especies diferentes de cultivos transgénicos para multiplicación de semillas. Los actores que promueven el desarrollo y comercialización de estos cultivos son empresas multinacionales como Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont, Dow Agroscience, ya sea adquiriendo o en alianza con empresas nacionales y apoyados por centros nacionales de investigación (por ejemplo EMBRAPA, INIAs, etc.) e incluso institutos de biotecnología recientemente creados, Universidades, y centros internacionales como el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), el Centro de Agricultura Tropical (CIAT), el Centro Internacional de la Papa (CIP) y el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), a los cuales las multinacionales proveen fondos para conducir investigación bajo estrictos acuerdos que protegen los derechos intelectuales de propiedad de estas empresas.

La mayoría de los gobiernos promueven una política agrícola en torno a la autorización de transgénicos bajo el argumento de mejorar la producción en el sector agropecuario. Casi todos los países han firmado el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad en la Biotecnología y han implementado algún tipo de normativa en bioseguridad o han creado comités (o comisiones) técnicos de bioseguridad. Estas instancias están compuestas por miembros del sector privado, gobierno y científicos sesgados a favor de la biotecnología, manteniendo marginada a la sociedad civil (ONGs, consumidores, etc.) que se oponen a esta tecnología por la falta de información sobre riesgos a nivel local-nacional que los transgénicos representan en el ámbito ambiental y de salud pública. Tanto las comisiones como las limitadas e incompletas normativas no se adscriben al principio de la precaución y más que nada sirven para facilitar más que para regular en forma seria la introducción de tecnologías y procesos biotecnológicos. La investigación sobre impactos ecológicos y sobre la salud es prácticamente nula en la región. Aunque en varios países aun no se aprueba la autorización de estos productos (i.e. Panamá, Salvador, Ecuador, República Dominicana, entre otros), ya hay procesos en marcha y muchas veces bajo presión de multinacionales en especial Monsanto para que la autorización gubernamental se cristalice. Existen también algunas zonas libres de transgénicos en la región, como Cartago en Costa Rica, y un número limitado de pequeñas comunas o municipios en Argentina y Brasil, que sin embargo carecen de mecanismos de fiscalización o de regulación. Por lo tanto son áreas susceptibles al cultivo ilícito de transgénicos.

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